un año sin energía: la angustia de los electrodependientes y el miedo a los cortes de suministro
Hoy, 28 de abril de 2026, se cumple un año desde que España sufrió un apagón generalizado que dejó sin luz eléctrica a millones de personas. Este inédito fundido a negro representó una amenaza especialmente crítica para las personas electrodependientes, cuya supervivencia depende de equipos médicos eléctricos como respiradores, sillas motorizadas o camas articuladas. Conmemorando este aniversario, varios testimonios de personas electrodependientes en Castilla-La Mancha iluminan la angustia y la incertidumbre que vivieron durante aquellas horas oscuras.
Las interrupciones en el suministro eléctrico han expuesto la vulnerabilidad de las personas electrodependientes y la urgente necesidad de reforzar su protección normativa. En respuesta, el Ministerio de Sanidad ha decidido impulsar una regulación específica de la electrodependencia para mejorar la protección ante futuras interrupciones del suministro eléctrico.
El relato de Lorenzo y ‘Chencho’
Desde Toledo, Lorenzo Martín Coba, padre de Lorenzo, apodado ‘Chencho’, un joven de 36 años con Síndrome de Ondine que necesita ventilación mecánica las 24 horas, narra cómo su familia enfrentó el «casi apocalíptico» apagón del 28 de abril de 2025. En España se registran algo más de 30 casos de esta enfermedad.
El respirador de ‘Chencho’, que tiene una batería interna que dura entre 3 y 4 horas, se conecta también a la red. Lorenzo confiesa que siempre siente una «ligera angustia» cuando se va la luz, pero la preocupación aumentó cuando un amigo, que vive a 500 kilómetros, les llamó preguntando si tenían luz.
A pesar de que su domicilio tiene la consideración de «vulnerable» con garantía de suministro eléctrico, aquel día no pudo contactar con su distribuidora. «Todo estaba cerrado, no había información y era imposible saber lo que estaba ocurriendo», lamenta.
Viendo que «la situación era seria», mientras otros buscaban pilas para transistores, él fue a una ferretería a comprar pilas para el marcapasos diafragmático de ‘Chencho’ y cargó el coche con combustible para poder recargar los equipos médicos en su vehículo.
Fernando, el padre, expresa su angustia: «Mi necesidad como padre de evitar que mi hijo perciba lo que pasaba se unía a su conciencia de que su vida depende de la ventilación mecánica, y que su respirador y su marcapasos diafragmático funcionan con energía eléctrica». Un año después, sigue sin recibir orientación de las autoridades sobre lo que hacer en caso de que se repita la situación. Considera esencial tener un plan de acción ante emergencias sanitarias.
Pánico en la historia de Salma
El pánico también invadió a los padres de Salma, una joven de 19 años con una discapacidad del 96 % que requiere respiración asistida y se desplaza en silla de ruedas motorizada. Su padre, Fouad Akoudad Omoum, recuerda el caos vivido durante el apagón. «Nunca lo habíamos vivido ni contemplado», admite. El apagón sorprendió a Salma en el colegio, y al regresar a casa, la familia se vio obligada a llevarla «corriendo» al hospital, donde se sintieron un poco más tranquilos.
«El hospital está bien preparado para emergencias energéticas”, señala Fouad, feliz de tenerlo tan cerca. La incertidumbre del día llevó a este padre a considerar la compra de un generador pequeño ante el temor de que una situación similar vuelva a ocurrir. «El aparato le da la vida a ella. Es un pulmón», enfatiza, pidiendo a su vez medidas específicas para los electrodependientes como parte de la población vulnerable.
Sin embargo, la alegría de que su hija asista al instituto y lleve una vida «normal», gracias al apoyo de una enfermera, mantiene la esperanza en medio de la preocupación.
Un día lleno de incertidumbre
El apagón también impactó a Enrique Alarcón, un albaceteño de 69 años con una lesión medular que le obliga a usar silla de ruedas. Describe el 28 de abril como un día de «incertidumbre e intranquilidad», especialmente cuando tomó conciencia de la magnitud del apagón. “Tenía todavía presente el eco de la pandemia”, comenta, añadiendo que al principio se preocupó por recursos básicos como agua y alimentos.
Sin embargo, cuando se dio cuenta de que no había información sobre cuándo volvería la electricidad, esos pensamientos «pasaron a un segundo plano». «A los que somos electrodependientes estas situaciones nos bloquean completamente», explica, señalando que las gestiones cotidianas, como ir al aseo o ducharse, se convierten en prioridades. Su silla, cuya batería dura «un par de días», le dejó con pocas opciones para desplazarse, y las grúas eléctricas de su hogar quedaron inservibles al necesitar carga continua.
Como presidente de la Confederación de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) de Castilla-La Mancha, enfatiza que, aunque su colectivo está cohesionado, el corte de comunicaciones dificultó la formación de redes de apoyo durante el apagón. Aunque reconoce que la administración actuó rápidamente en Albacete, reclama la creación de protocolos ante situaciones como esta, dado el alto riesgo que enfrentan las personas electrodependientes.
Finalmente, cuando regresó la luz, una de las primeras acciones de Enrique fue llamar a sus amistades y compañeros electrodependientes para asegurarse de que todos estaban bien.
